Eduardo Julio Blasco Blasco

Eduardo Julio Blasco Blasco

Licenciado en Derecho y en Ciencias Políticas por la Universidad de Valencia.
Máster en London School of Economics
Colaborador en el Instituto Juan de Mariana

Trabajo o producción: ¿Qué nos hace más prósperos?

Sísifo es un personaje de la mitología griega famoso por el castigo que le impuso Zeus. Sísifo le hizo trampas a La Muerte para poder vivir una segunda vez después de muerto. La pena es tener que empujar una piedra enorme cuesta arriba de un monte durante el resto de la eternidad, con el añadido de que cada vez que estaba a punto de llegar a la cima, la piedra robada cuesta abajo y Sísifo tenía que volver a empezar.

Frédéric Bastiat, pensador liberal y uno de los mejores divulgadores de economía, en su libro Sofismas Económicos [1996(1845)] recupera la historia de Sísifo e introduce el término de sisifismo y sisifista para describir un sistema cuyo objetivo es tener a cuanta más gente trabajando mejor, aún a costa de posibles incrementos en la productividad para no causar desempleo. Bastiat ridiculizaba a este sistema y a sus defensores por creer que una mayor productividad causa pobreza por aumentar el desempleo. Desde tiempos de Bastiat, y seguro que antes, ha habido quienes sobreestimaban la importancia de conservar ciertos empleos para la mejora de las condiciones económicas de una sociedad.

Henry Hazlitt (1952) y Thomas Sowell (2011), influenciados por Bastiat, dicen que el deber de un economista es ver más allá de las consecuencias directas de una acción y entender los efectos de esta sobre distintos grupos. El problema sucede cuando este ejercicio se omite y se piensa que una reducción de empleo es necesariamente un indicador de un efecto negativo. En este caso, la confusión reside en ignorar que la destrucción de trabajos causada por el aumento de la productividad—producir más bienes con menos—es algo positivo para la sociedad, es ‘‘la esencia del crecimiento económico’’ (Caplan 2007, 40).

Bastiat describe dos maneras de entender la riqueza, primero como ‘‘el resultado del trabajo. Aumenta a medida que aumentan la relación del resultado con el esfuerzo. La perfección absoluta, cuyo tipo es Dios, consiste en la distancia inmensa de los términos en este sentido: esfuerzo nulo, resultado infinito.’’ O como algo constituido y graduado en ‘‘el mismo esfuerzo […]. Progresar es lo mismo que mejorar/a relación del efecto con el resultado. Su ideal puede ser representado por el esfuerzo á la vez eterno y estéril de Sísifo.’’ La primera visión es a lo que, aunque imposible, deberíamos aspirar. Lo importante del trabajo no es el esfuerzo en sí, sino el resultado de este, los bienes que usarán los individuos para satisfacer sus necesidades.

Un ejemplo ilustrativo es el sector agrícola estadounidense. En 1900 había cerca de 12 millones de personas trabajando en este sector; en 2015 no llegaban a los 2 millones (Herrendorf, Rogerson, and Valentinyi 2014). Esto no ha hecho que Estados Unidos sea ahora más pobre que antes, todo lo contrario. Gracias a innovaciones como el tractor se pudo ser más productivo en un sector para dejar mano de obra libre que podía moverse a nuevos oficios. El hecho de que hoy no seamos todos campesinos es gracias a que se mejoraron las herramientas y menos podían producir mucho más, dejando a otros trabajar en nuevas empresas. El aumento de la productividad y fin de ciertos empleos son consecuencias necesarias de la invención humana y la división del trabajo.

El ludismo, movimiento de principio del siglo XIX de artesanos que destrozaban máquinas en Inglaterra porque estas terminaban con ciertos empleos, no es más que un tipo de sisifismo. El ludismo actual ataca a la sustitución de hombres por máquinas que pueden realizar el mismo trabajo más productivamente. Pero las nuevas tecnologías incentivan la función empresarial al permitir nuevas posibilidades de producción, dejar más mano de obra disponible en nuevos oficios y permitir una mayor especialización del trabajo.

Esta visión equivocada a hecho que muchos votantes demanden políticas creadoras de trabajo. La mejor manera de crear trabajo es mediante el crecimiento de la riqueza de una sociedad y la búsqueda de nuevas oportunidades de emprendimiento. Si se crea el trabajo mediante mandato político o se protege trabajo menos productivo que la alternativa, la sociedad empobrecerá en su conjunto. Los consumidores tendrán que pagar un mayor precio por algo que podría haber sido producido con menores costes, recibir un bien de mayor calidad por el mismo precio, o pagar más por algo incluso con menor calidad debido a que no se le ha permitido a esa empresa o industria ser más productivo. Esto también afecta a los que ven sus trabajos protegidos ya que ellos también tendrán que acarrear con los sobrecostes en otras industrias y dejar de conseguir trabajos en los que serían más útiles que nunca se crearán por el impedimento al ahorro sobre los empresarios. Si estos pierden sus trabajos porque una industria se ha vuelto más productiva, existe nuevo dinero en manos de los empresarios que puede ser empleado en invertir en nuevos sectores y productos. De no hacerlo, estos dejarán de ganar más dinero del que podrían estar ganando, por lo que la tendencia mayoritaria de todo aquel que quiera hacerse rico y pueda, será a continuar invirtiendo su dinero.

Referencias

Bastiat, Frédéric. 1996. Economic Sophisms. Irvington-on-Hudson, Estados Unidos: Foundation for Economic Education.

Caplan, Bryan. 2007. The Myth of the Rational Voter. Princeton, Estados Unidos: Princeton University Press.

Hazlitt, Henry. 1952. Economics in One Lesson. Nueva York, Estados Unidos: Pocket Books.

Herrendorf, Berthold, Richard Rogerson, y Ákos Valentinyi. 2014. “Growth and Structural Transformation.” En Handbook of Economic Growth, editado por Philippe Aghion y Steven N. Durlauf, 855–941. Elveiser.

Sowell, Thomas. 2011. “One Stage Thinking.” En The Thomas Sowell Reader. Nueva York, Estados Unidos: Basic Books.

La ley de asociación de Ricardo puesta a prueba

David Ricardo (1817) explicó la ley de la ventaja comparativa, según la cual si cada nación produce el bien sobre el que tiene una ventaja comparativa relativa con respecto a otros países—es decir, que puede producir por más unidades en el mismo tiempo o que requieran menos unidades de tiempo para producir una unidad—y existe libre intercambio entre las naciones, todos los países saldrán ganando incluso si un país tiene una ventaja comparativa relativa superior a todo el resto siempre que se especialice en la producción de aquel producto que puede producir más en la misma unidad de tiempo. Por tanto, Ricardo demostró que los aranceles son perjudiciales en todos los casos ya que disminuyen el bienestar total.

Si, por ejemplo, la industria española requiriese 2 unidades de trabajo para producir una mesa y 15 para un coche, mientras que la industria china podría hacer una unidad de cualquier producto empleando solo una unidad de trabajo, a China le beneficia centrarse en producir coches y a España mesas. España podría producir ambas, pero a un coste mucho mayor. La manera más económica para que en España haya coches es construir mesas. Lo mismo pasa con China. Aunque pueda producir ambos bienes en menor tiempo; la manera más eficiente para que los chinos puedan disfrutar de mesas es produciendo coches.

Para demostrar la veracidad de esta ley la compararemos con la premisa económica opuesta que sería la teoría de la ventaja absoluta de comercio, según la cual cada país debería producir todos los bienes que produzca con menos unidades de trabajo. Para comprobar esto podemos mirar el coste de oportunidad. En la tabla 1 vemos las unidades de trabajo necesarias para producir cada bien en cada país. En la tabla 2 se presenta el coste de oportunidad al producir cada bien, lo que se deja de ganar de un bien al producir una unidad del otro bien. El coste de oportunidad se calcula dividiendo el coste (el bien dejado de ganar) entre el beneficio (el bien producido).

Unidades de trabajo necesarias para producir una mesa y un coche en España y en China

 

Una mesa

Un coche

España

2

15

China

1

1

Tabla 1

 

Coste de oportunidad para producir una mesa y un coche en España y en China

 

Una mesa

Un coche

España

1/7.5

7.5

China

1

1

Tabla 2

 

En China lo que se deja de ganar por producir una mesa es un coche, y lo que se deja de ganar por producir un coche es una mesa. En España como cuesta 15 unidades de trabajo producir un coche, estás dejando de producir 7.5 mesas por cada ordenador. Y la producción de una mesa equivale a la de 1/7.5 de un coche. Según la ley de la ventaja comparativa, cada país debe de construir lo que produce con menor coste. El país que produce mesas con menor coste es España y el que produce coches con menor coste es China. Si los países siguiesen la teoría de la ventaja absoluta, China no debería de intercambiar nada con España porque produce una cantidad de ambos bienes requiriendo menores unidades de tiempo. En esta situación no habría comercio.

Para comprobar que en un escenario donde cada país se especializase en producción de aquello que tiene una ventaja comparativa habría una mayor riqueza global (en un mundo contando solo a España y China), planteamos un ejemplo en el que cada país contase con 30 unidades de trabajo para producir ambos bienes. Primero, siguiendo la teoría de la ventaja absoluta los resultados serían los de la tabla 3.

Producción de bienes con 30 unidades de trabajo sin comercio

 

Una mesa

Un coche

España (15, 15)

7.5

1

China (15, 15)

15

15

Producción mundial

22.5

16

Tabla 3

España dividiéndose las unidades de trabajo equitativamente entre ambos bienes, producirá 7.5 mesas y un coche contando con 30 unidades de trabajo. Mientras que China produciría 15 mesas y 15 coches. La producción total mundial será de 22.5 mesas y 16 coches.

Por otro lado, si la producción fuese especializada y China produjese 20 unidades de trabajo de coches y 10 de mesas y España solo mesas, la producción mundial aumentaría a 25 mesas y 20 coches como se puede observar en la tabla 4.

Producción de bienes con 30 unidades de trabajo con especialización

 

Una mesa

Un coche

España (30, 0)

15

0

China (10, 20)

10

20

Producción mundial

25

20

Tabla 4

En una sociedad sin comercio internacional, el consumo es igual a la producción, por lo que los españoles consumirían 7.5 coches y 1 coche; reflejado en la tabla 5. En un mundo con mercado internacional, China comerciaría un coche a cambio de un número comprendido entre 1 (lo que les cuesta a ellos hacer una mesa) y 7.5 (ya que por una mayor cantidad de mesas a esa España las produciría) como se ve en la tabla 6. En este caso he elegido un coche por dos mesas.

Consumo de bienes con 30 unidades de trabajo sin comercio

 

Una mesa

Un coche

España (15, 15)

6

1

China (15, 15)

16.5

15

Producción mundial

22.5

16

Tabla 5

Consumo de bienes con 30 unidades de trabajo con especialización

 

Una mesa

Un coche

España (30, 0)

10

1

China (10, 20))

15

19

Producción mundial

25

20

Tabla 6

Esto explica porqué algunos países son más ricos, como China en este caso cuyos ciudadanos consumen más. Incluso tras el comercio libre, China sigue siendo más rica que España. No obstante, España es algo más rica de lo que lo sería sin comercio

Ludwig von Mises (1949) llamó a esta ley la ley de la asociación de Ricardo, la desarrolló y llegó a la conclusión lógica de que esta ley también se daba entre el intercambio entre seres humanos. Esto supone que el mercado libre favorece a todos. Mises dice que ‘’la colaboración entre el más talentoso, capaz y trabajador con el menos talentoso, capaz y trabajador beneficia a todos’’. Cada uno se especializa en aquello que produce mejor e intercambia el resultado de sus productos con los demás. Con esta ley podemos entender por qué los países y los individuos intercambian bienes y servicios y cuales deben de ser aquellos bienes y servicios que intercambien para maximizar su bienestar. Como la gente no tiene tiempo para aprender a producirlo todo y tienen habilidades distintas, se especializan en una cosa y comercian con otra gente por el bien que quieren.

Un ejemplo es el de la división del trabajo entre un abogado y su asistente(Block 1976). El abogado es 100 veces mejor como abogado que su asistente, pero solo 5 veces mejor taquigrafiando. Cada hora que el abogado está taquigrafiando es una hora que no está trabajando en aquello que es más valioso como defender a sus clientes en juicios. El abogado vivirá mejor si se encarga de hacer aquellas tareas que solo él sabe y sobre las que tiene una ventaja comparativa relativa y contrata a un secretario para hacerle tareas en las que la ventaja comparativa relativa del abogado con respecto al secretario sea menor.

Por tanto, no solo los aranceles, sino que cualquier restricción al libre movimiento de personas genera un efecto similar. Las fronteras empobrecen ya que restringen la ley de asociación ricardiana al no permitir emplear gente que aún con una menor ventaja absoluta, pueda ofrecer sus servicios en aquello que tiene una mayor ventaja relativa (Block y Callahan 2003).

Que una industria nacional o un individuo pueda producir un bien con menor coste no significa que pueda producir todos los bienes con menor coste. Sowell (2015) explica que ‘‘cuando hay recursos escasos con usos alternativos, producir más de un bien significa producir menor de otro producto.’’ Gracias esta ley, siempre habrá un lugar para la nación o persona menos productiva dentro del mercado para comerciar porque siempre habrá un producto que pueda producir relativamente más eficientemente que el resto.

Bibliografía

Block, Walter E. 1976. Defending the Undefendable. 3ª ed. Auburn, Estados Unidos: Ludwig von Mises Institute.

Block, Walter E., y Gene Callahan. 2003. “Is There a Right to Immigration?: A Libertarian Perspective.” Human Rights Review 5 (1): 46–71.

Mises, Ludwig von. 1949. Human Action: A Treatsie on Economics. New Haven, United States: Yale University Press.

Ricardo, David. 1817. On the Principles of Political Economy and Taxation. Londres, Reino Unido: John Murray.

Sowell, Thomas. 2015. Basic Economics: A Common Sense Guide to the Economy. 5ª ed. Nueva York, Estados Unidos: Basic Books.

Importancia del Capital Humano en la Economía

Un análisis de la historia económica requiere tener en cuenta numerosos factores que explican en parte los orígenes de la riqueza en diferentes países[1]—la pobreza es el estado natural del ser humano y no requiere explicación—. Estos factores se pueden dividir en cuatro categorías: factores geográficos, como la fertilidad de la tierra o las vías navegables; factores sociales, como el tamaño de la población; factores políticos, como las instituciones; y factores culturales. La literatura anterior ha apuntado a teorías univariantes, como el determinismo ambiental,[2] el determinismo cultural[3] o trayectorias dependientes de la historia.[4] Lo más probable es que todos los factores tengan su relevancia a la hora de explicar las disparidades en la riqueza entre los países y dentro de ellos.[5] Este ensayo, sin embargo, se centra en la influencia de la cultura y el capital humano en el desarrollo económico de las naciones.

Analizar la influencia de la cultura, o cualquier factor, en los sistemas económicos es complicado. Existen diversas formas de realizar este tipo de análisis. Idealmente, se podría medir ceteris paribus cómo cambian las condiciones económicas de una cultura a otra. Sin embargo, en el mundo real es prácticamente imposible mantener todos los factores, como por ejemplo el clima, los animales, el estado de bienestar, la legislación y la población, constante.[6] Por lo tanto, la manera más apropiada de observar el efecto que tiene la cultura sobre la manera de actuar de un individuo es la de analizar al conjunto de individuos que compartan rasgos culturales para intentar descubrir qué es lo que motivaba su acción.

En primer lugar, sostengo que la cultura afecta las condiciones económicas, para lo cual presento tres casos en los que la mejor teoría para explicar las disparidades económicas se puede encontrar en las variaciones culturales. El primer caso son los cubanos que huyeron de su país debido a Fidel Castro a los Estados Unidos. Estas personas vivían bajo la miseria. Tuvieron que dejar la mayor parte de sus recursos en Cuba y sus calificaciones educativas no tenían valor en su nuevo país.[7] Eso es en parte por qué trabajaron duro para asegurarse de que sus hijos recibieran una educación. Actualmente, los cubanos estadounidenses generan unos ingresos mayores que los de todo el país de Cuba.

El segundo caso son los libaneses que emigraron a América, África y Australia después de la Gran Guerra. Los inmigrantes libaneses comenzaron a trabajar en el nivel más bajo de cualquier profesión en cualquier país al que llegaran. Carecían de las habilidades requeridas, tenían una educación deficiente y su tasa de analfabetismo eran alta.[8] Venían principalmente de zonas rurales y pobres del Líbano. Los libaneses que emigraron a Sierra Leona, por ejemplo, avanzaron bastante rápido y expandieron con éxito sus negocios, a pesar del sentimiento de los nativos.[9] Los libaneses desarrollaron negocios prósperos en todos los países donde se mudaron e inculcaron a sus hijos el valor de la educación.[10]

El último caso involucra a inmigrantes alemanes en América Latina. Ellos jugaron un gran papel industrializando Argentina,[11] Brasil[12] y Chile.[13] Los alemanes trajeron conocimiento empresarial con ellos y fueron los únicos productores y propietarios de diversas industrias, como la cervecera. La mayoría de estos inmigrantes tenían antecedentes de clase trabajadora y solo ascendieron a la clase media cuando estaban en las Américas.[14] Los alemanes mantuvieron una sobrerrepresentación como miembros de varias profesiones y dueños de negocios de industrias enteras. Lo que estos inmigrantes tienen en común con el resto era una cultura que valora altamente el capital humano. La cultura se compone de varios otros elementos, como el idioma, las tradiciones, las normas, la religión y el capital humano, entre otros.[15] Sin embargo, esto último es de gran relevancia para explicar el éxito de estas culturas.

El capital humano se define como "las habilidades que posee la fuerza laboral y se considera como un recurso o valor".[16] La educación y la experiencia laboral previa se incluyen en el capital humano. Los tres casos presentados son casos en los cuales la educación se consideraba un valor cardinal. Todos estos grupos tenían actitudes positivas hacia el trabajo y no rehuían al trabajo duro o servil. Todos prosperaron en parte gracias a su visión positiva del progreso. Su objetivo era proporcionar la mejor educación posible a sus hijos y seguir adelante. Incluso si un grupo carecía de las habilidades o la educación, como lo hicieron los libaneses, todavía tenían esa actitud positiva hacia el progreso y el trabajo.

Según estudios recientes sobre psicología social, nuestra moral tiene un fuerte efecto en todos los aspectos de nuestra vida. Incluso los individuos de la misma cultura tienen fundamentos morales bastante diferentes.[17] Las personas con valores morales diferentes toman decisiones diferentes sobre los mismos hechos.[18] Algunos estudios afirman que nuestra moral determina nuestras ideologías incluso antes de racionalizar sus implicaciones.[19] Ser moral y justo es complicado. Todos pensamos que lo somos, pero otros pueden estar en desacuerdo. Es por eso los miembros de una sociedad necesitan aprender a colaborar con personas de diferentes tribus morales.[20]

Considero que la mejor solución para lograr que personas dispares colaboren entre ellas es a través de la confianza. Este concepto puede definirse como "la propensión a decir la verdad o cumplir la promesa".[21] La verdad o la honestidad son importantes en los sistemas económicos porque para contratar a alguien es necesario tener expectativas de que la otra parte cumpla con lo acordado.[22] No está claro cuál es primero, si las personas confiables y confiables generan mejores condiciones económicas, o si el sistema refuerza la honestidad entre las personas. Adam Smith decía ‘‘El hombre desea naturalmente, no sólo ser amado, sino también ser amable; o ser lo que es el objeto natural y propio del amor’’.[23] Mi opinión es que hay algunos de ambos, pero lo que está claro es que cuando un sistema tiene instituciones económicas inclusivas[24] y una cultura de honestidad, crea un ciclo virtuoso.

La confianza, aunque no se puede ver, se puede inferir de los casos detallados anteriormente. Sin confiar en el sistema, los alemanes en América Latina, los cubanos en los Estados Unidos y los libaneses de distintas partes del mundo habrían decidido emigrar a otros lugares, abandonar el país de acogida una vez que hubieran ganado dinero o explotado el sistema de sus países anfitriones. Por el contrario, lo que hicieron estos inmigrantes fue esforzarse en parte gracias al capital humano de sus culturas, y en parte debido a su honestidad.

La Unión Soviética era infame por la falta de honestidad de sus ciudadanos.[25] Aunque la Unión Soviética era uno de los países más ricos en recursos naturales, incluido el petróleo,[26] su nivel de vida era extremadamente bajo. Se requerían sobornos para llevar a cabo cualquier actividad y había muchos mercados negros liderados por los tolkachi, personas que realizaban actividades económicas ilegales para lograr los objetivos establecidos por los planificadores centrales.[27] Una vieja broma soviética ilustra mi argumento: "Ellos fingen pagarnos, nosotros pretendemos trabajar".

Al estudiar las culturas y el capital humano tenemos que centrarnos en cómo esto motiva al individuo a actuar y a entender la función empresarial, es decir, su capacidad de obtener nuevo conocimiento sobre cómo satisfacer las necesidades de los demás para adquirir los medios necesarios para satisfacer las suyas. Los incentivos no son uniformes en una sociedad. Diferentes grupos con diferentes culturas, enfrentados a las mismas circunstancias objetivas, pueden reaccionar de manera bastante diferente. Es imposible saber cuáles serían los efectos en una cultura para jugar con algunas partes de ella. Por lo tanto, creo que dejar las decisiones culturales debe dejarse en orden espontáneo.[28] La moral solo puede florecer en las sociedades con instituciones económicas inclusivas, ya que necesita cierto grado de libertad para establecer sus propias prioridades de vida, tener el incentivo para actuar correctamente y alcanzar su potencial por sus propios medios.[29]

 

[1] Thomas Sowell, Basic Economics: A Common Sense Guide to the Economy (5ª edn, Basic Books 2015) 527–566.

[2] Fernand Braudel, La Méditerranée et Le Monde Méditerranéen à l’époque de Philippe II - Vol. 2: Destins Collectifs et Mouvements d’ensemble (Armand Colin 1949); Jared Diamond, Guns, Germs and Steel (WW Norton and Co 1997).

[3] Max Weber, Die Protestantische Ethik Und Der Geist Des Kapitalismus (JCB Mohr 1904).

[4] Daron Acemoglu y James A Robinson, Why Nations Fail: The Origins of Power, Prosperity and Poverty (Profile Books 2012); Daron Acemoglu y James A Robinson, The Narrow Corridor: States, Societies and the Fate of Liberty (Penguin Press 2019).

[5] Timur Kuran, ‘Explaining the Economic Trajectories of Civilizations: The Systemic Approach’ (2008); Sowell (n 1) 563–566; Sascha O Becker, Steven Pfaff y Jared Rubin, ‘Causes and Consequences of the Protestant Reformation’ (2016) 62 Explorations in Economic History 1; Thomas Sowell, Wealth, Poverty, and Politics: An International Perspective (2ª edn, Basic Books 2016).

[6] James Buchanan, ‘Ceteris Paribus: Some Notes on Methodology’ (1958) 24 Southern Economic Journal 259.

[7] Amy Chua y Jed Rubenfeld, The Triple Package: How Three Unlikely Traits Explain the Rise and Fall of Cultural Groups in America (The Penguin Press 2014).

[8] Albert Hourani y Nadim Shehadi (eds), The Lebanese in the World: A Century of Emigration (Centre for Lebanese Studies and IB Tauris & Co Ltd 1992).

[9] Hendrik Laurens van der Laan, The Lebanese Traders in Sierra Leone (Mouton 1975).

[10] ibid 112; Hourani y Shehadi (n 9) 4, 157, 345–355.

[11] Fred C Koch, The Volga Germans: In Russia and the Americas, from 1763 to the Present (Pennsylvania State University Press 1974).

[12] Jean Roche, La Colonisation Allemande et Le Rio Grande Do Sul (Institut Des Hautes Études de l’Amérique Latine 1959).

[13] George FW Young, The Germans in Chile: Immigration and Colonization, 1849-1914 (Center for Immigration Studies 1974).

[14] Koch (n 12) 231–232.

[15] Geert Hofstede, Gert Jan Hofstede y Michael Minkov, Culture and Organizations: Software of the Mind (3rd edn, Mc Graw Hill 1980).

[16] Claudia Goldin, ‘Human Capital’ en Claudia Goldin y Michael Haupert (eds), Handbook of Cliometrics (Springer-Verlag 2016).

[17] Jonathan Haidt, The Righteous Mind: Why Good People Are Divided by Politics and Religion (Pantheon Books 2012).

[18] Kenneth E Aupperle, ‘Moral Decision Making: Searching for the Highest Expected Moral Value’ (2008) 11 International Journal of Organization Theory & Behavior 1.

[19] Jonathan Haidt, ‘The Emotional Dog and Its Rational Tail: A Social Intuitionist Approach to Moral Judgment’ (2001) 108 Psychological Review 814; Haidt (n 18); Ravi Iyer y otros, ‘Understanding Libertarian Morality: The Psychological Dispositions of Self-Identified Libertarians’ (2012) 7 PLoS ONE 1.

[20] Haidt (n 18); Joshua Greene, Moral Tribes: Emotion, Reason and the Gap Between Us and Them (Penguin Books 2014) 211–288.

[21] David Hugh-Jones, ‘Honesty, Beliefs About Honesty, and Economic Growth in 15 Countries’ (2016) 127 Journal of Economic Behavior and Organization 99, 99.

[22] Friedrich August Hayek, ‘The Moral Element in Free Enterprise’, Studies in Philosophy, Politics and Economics (Routledge, 1967).

[23] Adam Smith, The Theory of Moral Sentiments (1759).

[24] Acemoglu y Robinson, Why Nations Fail: The Origins of Power, Prosperity and Poverty (n 4) 74–75.

[25] John M Kramer, ‘Political Corruption in the USSR’ (1977) 30 The Western Political Quaterly 213; Charles A Schwartz, ‘Corruption and Political Development in the USSR’ (1979) 11 Comparative Labor Law & Policy Journal 425; John Quigley, ‘Government Corruption in the Soviet Union’ (1993) 4 Criminal Law Forum 567.

[26] Robert G Jensen, Theodore Shabad y Arthur W Wright (eds), Soviet Natural Resources in the World Economy (University of Chicago Press 1983).

[27] Alec Nove, The Soviet Economic System (George All, 1977).

[28] Peter J Boettke, ‘The Theory of Spontaneous Order and Cultural Evolution in the Social Theory of F.A. Hayek’ (1990) 3 Cultural Dynamics 61.

[29] Hayek (n 23).