Trabajo o producción: ¿Qué nos hace más prósperos?

Escrito por

Trabajo o producción: ¿Qué nos hace más prósperos?

Sísifo es un personaje de la mitología griega famoso por el castigo que le impuso Zeus. Sísifo le hizo trampas a La Muerte para poder vivir una segunda vez después de muerto. La pena es tener que empujar una piedra enorme cuesta arriba de un monte durante el resto de la eternidad, con el añadido de que cada vez que estaba a punto de llegar a la cima, la piedra robada cuesta abajo y Sísifo tenía que volver a empezar.

Frédéric Bastiat, pensador liberal y uno de los mejores divulgadores de economía, en su libro Sofismas Económicos [1996(1845)] recupera la historia de Sísifo e introduce el término de sisifismo y sisifista para describir un sistema cuyo objetivo es tener a cuanta más gente trabajando mejor, aún a costa de posibles incrementos en la productividad para no causar desempleo. Bastiat ridiculizaba a este sistema y a sus defensores por creer que una mayor productividad causa pobreza por aumentar el desempleo. Desde tiempos de Bastiat, y seguro que antes, ha habido quienes sobreestimaban la importancia de conservar ciertos empleos para la mejora de las condiciones económicas de una sociedad.

Henry Hazlitt (1952) y Thomas Sowell (2011), influenciados por Bastiat, dicen que el deber de un economista es ver más allá de las consecuencias directas de una acción y entender los efectos de esta sobre distintos grupos. El problema sucede cuando este ejercicio se omite y se piensa que una reducción de empleo es necesariamente un indicador de un efecto negativo. En este caso, la confusión reside en ignorar que la destrucción de trabajos causada por el aumento de la productividad—producir más bienes con menos—es algo positivo para la sociedad, es ‘‘la esencia del crecimiento económico’’ (Caplan 2007, 40).

Bastiat describe dos maneras de entender la riqueza, primero como ‘‘el resultado del trabajo. Aumenta a medida que aumentan la relación del resultado con el esfuerzo. La perfección absoluta, cuyo tipo es Dios, consiste en la distancia inmensa de los términos en este sentido: esfuerzo nulo, resultado infinito.’’ O como algo constituido y graduado en ‘‘el mismo esfuerzo […]. Progresar es lo mismo que mejorar/a relación del efecto con el resultado. Su ideal puede ser representado por el esfuerzo á la vez eterno y estéril de Sísifo.’’ La primera visión es a lo que, aunque imposible, deberíamos aspirar. Lo importante del trabajo no es el esfuerzo en sí, sino el resultado de este, los bienes que usarán los individuos para satisfacer sus necesidades.

Un ejemplo ilustrativo es el sector agrícola estadounidense. En 1900 había cerca de 12 millones de personas trabajando en este sector; en 2015 no llegaban a los 2 millones (Herrendorf, Rogerson, and Valentinyi 2014). Esto no ha hecho que Estados Unidos sea ahora más pobre que antes, todo lo contrario. Gracias a innovaciones como el tractor se pudo ser más productivo en un sector para dejar mano de obra libre que podía moverse a nuevos oficios. El hecho de que hoy no seamos todos campesinos es gracias a que se mejoraron las herramientas y menos podían producir mucho más, dejando a otros trabajar en nuevas empresas. El aumento de la productividad y fin de ciertos empleos son consecuencias necesarias de la invención humana y la división del trabajo.

El ludismo, movimiento de principio del siglo XIX de artesanos que destrozaban máquinas en Inglaterra porque estas terminaban con ciertos empleos, no es más que un tipo de sisifismo. El ludismo actual ataca a la sustitución de hombres por máquinas que pueden realizar el mismo trabajo más productivamente. Pero las nuevas tecnologías incentivan la función empresarial al permitir nuevas posibilidades de producción, dejar más mano de obra disponible en nuevos oficios y permitir una mayor especialización del trabajo.

Esta visión equivocada a hecho que muchos votantes demanden políticas creadoras de trabajo. La mejor manera de crear trabajo es mediante el crecimiento de la riqueza de una sociedad y la búsqueda de nuevas oportunidades de emprendimiento. Si se crea el trabajo mediante mandato político o se protege trabajo menos productivo que la alternativa, la sociedad empobrecerá en su conjunto. Los consumidores tendrán que pagar un mayor precio por algo que podría haber sido producido con menores costes, recibir un bien de mayor calidad por el mismo precio, o pagar más por algo incluso con menor calidad debido a que no se le ha permitido a esa empresa o industria ser más productivo. Esto también afecta a los que ven sus trabajos protegidos ya que ellos también tendrán que acarrear con los sobrecostes en otras industrias y dejar de conseguir trabajos en los que serían más útiles que nunca se crearán por el impedimento al ahorro sobre los empresarios. Si estos pierden sus trabajos porque una industria se ha vuelto más productiva, existe nuevo dinero en manos de los empresarios que puede ser empleado en invertir en nuevos sectores y productos. De no hacerlo, estos dejarán de ganar más dinero del que podrían estar ganando, por lo que la tendencia mayoritaria de todo aquel que quiera hacerse rico y pueda, será a continuar invirtiendo su dinero.

Referencias

Bastiat, Frédéric. 1996. Economic Sophisms. Irvington-on-Hudson, Estados Unidos: Foundation for Economic Education.

Caplan, Bryan. 2007. The Myth of the Rational Voter. Princeton, Estados Unidos: Princeton University Press.

Hazlitt, Henry. 1952. Economics in One Lesson. Nueva York, Estados Unidos: Pocket Books.

Herrendorf, Berthold, Richard Rogerson, y Ákos Valentinyi. 2014. “Growth and Structural Transformation.” En Handbook of Economic Growth, editado por Philippe Aghion y Steven N. Durlauf, 855–941. Elveiser.

Sowell, Thomas. 2011. “One Stage Thinking.” En The Thomas Sowell Reader. Nueva York, Estados Unidos: Basic Books.

Eduardo Julio Blasco Blasco

Licenciado en Derecho y en Ciencias Políticas por la Universidad de Valencia.
Máster en London School of Economics
Colaborador en el Instituto Juan de Mariana